Enero lejos de casa

 

El bajón de enero lejos de casa: emociones que nadie te advierte al emigrar

Enero lejos de casa


Enero tiene algo especial. Para muchos es sinónimo de comienzos, planes nuevos y energía renovada. Pero cuando vivís lejos de casa, enero suele traer otra cosa: un cansancio emocional difícil de explicar. Un bajón silencioso que aparece sin pedir permiso y que a veces cuesta nombrar.

El bajón de enero en la vida emigrante no siempre tiene que ver con estar mal. Muchas veces tiene que ver con sentir demasiado. Con el contraste entre lo que fue diciembre, las fiestas, los mensajes, las videollamadas, y la vuelta a una rutina que no siempre se siente propia.

Cuando emigrás, los calendarios siguen marcando los mismos meses, pero las emociones no se ordenan igual.

Enero y la vida lejos de casa: cuando baja el ruido y aparece el vacío

Durante diciembre, todo parece estar sostenido por una especie de adrenalina emocional. Hay expectativas, despedidas simbólicas, mensajes que llegan desde Argentina, recuerdos que se activan, tradiciones que se reinventan como se puede.

Pero enero baja el volumen.

Y en ese silencio, muchas personas emigradas sienten algo parecido a un vacío. No es tristeza pura, tampoco es nostalgia constante. Es una mezcla de cansancio, balance interno y preguntas que vuelven a aparecer.

Vivir lejos de casa en enero suele amplificar lo que durante el año queda tapado por la rutina.

El bajón de enero no es fracaso (aunque a veces se sienta así)

Una de las trampas más comunes es pensar que si enero te encuentra triste o desmotivada, entonces algo hiciste mal. Que después de tantos años fuera “ya deberías estar mejor”. Que si emigraste fue para estar feliz, no para sentirte así.

Pero el bajón de enero no significa que emigrar haya sido un error.

Significa que sos humana.

Emigrar no es una decisión que se resuelve de una vez y para siempre. Es un proceso largo, con etapas, con subidas y bajadas. Y enero, con su clima emocional particular, suele ser un mes donde todo eso se hace más visible.

Emigrar y la comparación inevitable de comienzos de año

Enero también es el mes de las comparaciones. Las redes sociales se llenan de balances, propósitos, frases motivacionales y vidas aparentemente ordenadas.

Para quienes emigramos, esas comparaciones pesan distinto.

Comparás:

  • tu presente con el pasado

  • la vida que llevás con la que dejaste

  • lo que imaginabas al emigrar con lo que es hoy

Y muchas veces esa comparación no es justa. Porque compara contextos distintos, personas distintas, momentos vitales distintos.

El bajón de enero en emigrantes muchas veces nace de esa comparación silenciosa que nadie ve.

La distancia emocional se siente más en enero

Durante el año, la distancia se administra. Hay trabajo, rutinas, compromisos, adaptación constante. Pero en enero, cuando todo se aquieta un poco, la distancia se siente más cruda.

Vivir lejos de casa implica aceptar que hay cosas que no compartís:

  • sobremesas

  • charlas largas

  • silencios cómodos

  • acompañamientos pequeños

Y enero, con su ritmo más lento, deja espacio para que eso duela.

No siempre duele fuerte. A veces duele bajito, como un ruido de fondo que te acompaña todo el mes.

El bajón de enero en mujeres emigradas

En mujeres emigradas, este bajón suele tener capas extra. Muchas cargan con:

  • expectativas propias

  • expectativas familiares

  • exigencias internas de “haber hecho bien las cosas”

  • la presión de sostener emocionalmente a otros

Enero aparece como un momento donde el cuerpo y la cabeza piden una pausa. Donde el cansancio acumulado de años de adaptación empieza a pasar factura.

Hablar del bajón de enero no es debilidad. Es honestidad.

Emigrar no te vuelve inmune a los ciclos emocionales

A veces parece que, por haber emigrado, una tendría que ser más fuerte, más agradecida, más resiliente todo el tiempo. Pero emigrar no te saca la sensibilidad. Al contrario: muchas veces la agudiza.

El bajón de enero también tiene que ver con eso. Con haber sostenido mucho durante el año. Con haber sido fuerte cuando hizo falta. Y con llegar a un punto donde el cuerpo dice basta.

Aceptar eso es parte del aprendizaje migrante.

Cuando enero trae preguntas incómodas

¿Sigo acá?
¿Valió la pena?
¿Esto es todo?
¿Y si hubiera hecho otra cosa?

Enero suele traer preguntas que durante el resto del año quedan postergadas. No porque no existan, sino porque no hay tiempo para escucharlas.

Estas preguntas no son señal de fracaso. Son señal de revisión. Y revisar no significa retroceder. Significa crecer.

El bajón de enero no se soluciona con frases hechas

No se pasa diciendo “todo pasa” o “hay que ser positiva”. Tampoco comparándose con quienes parecen estar mejor.

El bajón de enero se atraviesa con:

  • permiso

  • paciencia

  • honestidad emocional

A veces alcanza con ponerle nombre. A veces con escribirlo. A veces con hablarlo con alguien que viva algo parecido.

No todo se tiene que arreglar rápido.

Emigrar también es aprender a escucharse

Con los años, muchas personas emigradas desarrollan una capacidad nueva: la de escucharse más. De entender que no todos los bajones son alarmas, pero tampoco hay que ignorarlos.

Enero puede ser un mes para:

  • bajar el ritmo

  • no exigirse grandes decisiones

  • observar cómo estás

  • aceptar que no todo tiene que resolverse ya

Emigrar no es correr una carrera. Es caminar un proceso largo.

El cuerpo también habla en enero

El bajón de enero no siempre es mental. A veces se manifiesta en el cuerpo:

  • cansancio

  • desgano

  • falta de motivación

  • necesidad de silencio

Escuchar el cuerpo es tan importante como analizar la cabeza. Muchas mujeres emigradas aprendemos tarde a hacerlo, pero cuando lo hacemos, algo se acomoda.

Vivir lejos de casa y construir nuevos rituales

Parte de atravesar enero lejos de casa implica crear rituales nuevos. Pequeños. Propios. No para reemplazar lo perdido, sino para acompañar lo que es.

Puede ser:

  • una caminata

  • escribir

  • tomar mate sin apuro

  • ordenar fotos

  • planear algo chiquito para más adelante

No hace falta que enero sea productivo. A veces alcanza con que sea sincero.

El bajón de enero como señal, no como enemigo

En lugar de pelear contra él, el bajón de enero puede leerse como una señal. Una invitación a revisar cómo estás, qué necesitás, qué ya no va.

Muchas decisiones importantes no se toman en enero. Pero muchas comprensiones profundas sí.

Y eso también es parte de la vida emigrante.

Emigrar y aceptar que no todo es lineal

Una de las grandes mentiras sobre emigrar es que una vez que “te acomodás”, todo fluye. La realidad es más compleja. Hay etapas tranquilas y etapas revueltas. Años buenos y años más pesados.

Enero suele ser un espejo de eso.

Aceptar la no linealidad de la experiencia migrante alivia mucho más que resistirse a ella.

Para quien está leyendo esto desde el bajón

Si estás leyendo esto en enero, lejos de casa, con una sensación rara en el pecho, quiero decirte algo simple: no estás sola.

Lo que sentís no es raro. No es exagerado. No es señal de que hiciste todo mal.

Es parte de vivir lejos, de haber elegido, de haber dejado, de haber construido algo nuevo sin borrar lo anterior.

Enero pasará, pero lo aprendido queda

El bajón de enero no define tu vida emigrante. Es solo un capítulo más. Uno que, si se escucha con atención, suele dejar aprendizajes valiosos.

Emigrar es también aprender a habitar estos meses con menos juicio y más compasión.

Y eso, aunque no se vea en redes, es un enorme acto de valentía.

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