Sobre mi

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Emigrar después de los 40 no es una crisis, es una decisión consciente

Emigrar después de los 40 no suele aparecer en los planes “correctos”. A esa edad, en teoría, la vida ya debería estar más o menos resuelta: trabajo estable, rutinas claras, una familia armada y un camino conocido. Sin embargo, hay un momento —silencioso, incómodo, difícil de explicar— en el que esa estabilidad deja de sentirse suficiente.

Soy Verónica, soy argentina y emigré después de los 40 junto a mi familia. No lo hice buscando una aventura ni escapando de nada en particular. Lo hice porque sentí que, si no nos movíamos en ese momento, el estancamiento iba a volverse permanente. No fue una decisión impulsiva, fue una elección madura, pensada, con miedo y con dudas, pero también con una certeza difícil de ignorar.

En diciembre de 2014 nos subimos a un avión sin conocer a nadie del otro lado, sin manejar el idioma y sin garantías. Ese primer paso nos llevó primero a Londres y, más tarde, a tomar una decisión aún más profunda: emigrar a Edimburgo y empezar a construir una vida completamente nueva en Escocia.

Hoy, después de varios años, puedo decir que emigrar después de los 40 no te vuelve más frágil, te vuelve más consciente. Este blog nace para contar esa experiencia sin romantizarla, pero también sin dramatizarla. Para hablar de lo que implica empezar de nuevo, de cómo cambia la mirada con el tiempo y de cómo se transforma la idea de hogar cuando la vida te lleva a otro país.

Si estás en ese punto en el que te preguntás si no es “demasiado tarde”, este espacio es para vos. Porque a veces no se trata de huir, sino de animarse a vivir distinto.

El “antes”: orden, prolijidad y ese estancamiento que no se ve desde afuera

Antes de emigrar después de los 40, mi vida era, desde afuera, lo que muchos llamarían “resuelta”. Tenía una profesión, una rutina clara y una estructura que me acompañó desde siempre. Vengo de una familia donde el orden, la previsibilidad y el camino trazado eran valores centrales. Y durante muchos años, esa forma de vivir me dio seguridad.

Había horarios, responsabilidades, compromisos y un círculo social conocido. Todo funcionaba. Todo estaba en su lugar. Pero con el tiempo empecé a sentir que esa estabilidad también podía volverse una jaula invisible. No era infelicidad, era algo más difícil de definir: una sensación persistente de estar repitiendo los días, de haber llegado a un techo que no sabía muy bien cómo atravesar.

Emigrar después de los 40 no aparece de golpe. Primero aparece la incomodidad. Después, las preguntas. ¿Esto es todo? ¿Hasta acá llegamos? ¿Qué pasa si no nos movemos ahora? Empecé a sentir que las oportunidades se achicaban, no solo para mí, sino también para mis hijos. No desde el miedo, sino desde el deseo de ofrecerles un horizonte más amplio, más abierto, menos predecible.

El problema era que romper con esa estructura daba vértigo. ¿Quién se muda de país cuando ya tiene una vida armada? ¿Quién desarma lo conocido para empezar de cero en una etapa en la que, en teoría, todo debería estar encaminado? El miedo no era solo al cambio, era a equivocarse, a perder lo construido, a no estar a la altura.

Con el tiempo entendí algo clave: emigrar después de los 40 no es un acto de desesperación, sino de lucidez. La madurez no es un freno, es una base. Y este blog nace justamente para mostrar eso: que animarse a cambiar cuando ya sabés quién sos puede ser una de las decisiones más potentes de tu vida.

Emigrar a Edimburgo: la decisión que empezó con un salto al vacío

Emigrar después de los 40 no suele venir acompañado de certezas absolutas. En nuestro caso, la decisión no fue repentina ni impulsiva, aunque desde afuera pudiera parecer una locura. Fue más bien un proceso largo, silencioso, de conversaciones postergadas y miedos compartidos. A los 43 años, ese cúmulo de preguntas internas finalmente tomó forma y se convirtió en una acción concreta: dar el paso.

En Argentina decimos “tirarnos a la pileta”, y esa expresión describe muy bien lo que hicimos. Sabíamos que el agua estaba ahí, pero no cuán profunda era. También sabíamos exactamente qué dejábamos atrás: una vida armada, vínculos, rutinas, seguridades. Por eso, emigrar después de los 40 no tuvo nada de adolescente; fue una decisión atravesada por la conciencia plena de las consecuencias.

El primer destino fue Londres, en diciembre de 2014. No teníamos red de apoyo, ni contactos, ni un dominio real del idioma. Mi inglés, en ese momento, era prácticamente inexistente, y eso convirtió cada trámite y cada interacción cotidiana en un desafío emocional enorme. La primera experiencia migratoria fue un choque cultural fuerte, agotador, muchas veces desorientador.

Ese período inicial nos obligó a revisar por completo qué entendíamos por hogar y por estabilidad. Lo que antes parecía inamovible empezó a redefinirse día a día. Londres fue el aprendizaje duro, el terreno de prueba. Y aunque no fue el lugar donde nos quedamos, fue el paso necesario para, más adelante, tomar otra decisión igual de importante: emigrar a Edimburgo y empezar a construir una vida con bases más sólidas.

Este blog es, en gran parte, el registro de ese proceso. No desde la mirada ingenua del comienzo, sino desde la perspectiva de alguien que emigró después de los 40 sabiendo que el tiempo es valioso y que empezar de cero también puede ser una forma profunda de avanzar.


De Londres a Escocia: el camino real para emigrar a Edimburgo

La llegada a Edimburgo no fue una casualidad ni un golpe de suerte. Fue el resultado de todo lo aprendido en el camino previo. Después del impacto inicial, Escocia apareció como un lugar posible para bajar el ritmo, reencontrar el equilibrio y proyectar una vida más alineada con lo que estábamos buscando.

Emigrar a Edimburgo significó, por primera vez, sentir que no solo estábamos sobreviviendo, sino empezando a vivir de otra manera.

La vida en Edimburgo después de varios años: cuando el cambio se vuelve hogar

Hoy hace ya varios años que Edimburgo dejó de ser un destino para convertirse en nuestro hogar. El camino que nos trajo desde Londres hasta esta ciudad marcó la verdadera consolidación de nuestro proyecto migratorio. No fue solo un cambio de lugar, fue un cambio de ritmo, de prioridades y de mirada. La vida en Edimburgo es distinta: más calma, más silenciosa, menos acelerada, pero no por eso más simple.

Vivir acá implica adaptarse de forma constante. Hay desafíos cotidianos, aprendizajes que no terminan y momentos de cansancio. Pero también hay una sensación profunda de coherencia entre la vida que llevamos y la que deseábamos construir. Con el tiempo, entendí que emigrar después de los 40 no significa llegar con todo resuelto, sino tener la capacidad de sostener los procesos sin huir cuando se vuelven incómodos.

Mi familia es el eje de esta experiencia. Sin ellos, esta vida de emigrante sería difícil de imaginar y, sobre todo, de sostener. La migración, cuando se vive en compañía, se transforma en un proyecto compartido, donde cada uno aporta su propia manera de adaptarse y de crecer.


La vida en Edimburgo y el aprendizaje de desaprender

En estos años, aprender un idioma fue solo una parte del camino. Mucho más complejo fue desaprender ciertas estructuras que traía conmigo: la rigidez, la necesidad de control, la idea de que todo debe tener una forma definida y rápida. La vida en Edimburgo me enseñó a soltar, a observar más y a aceptar que los procesos pueden ser lentos sin ser fallidos.

Emigrar después de los 40 también es eso: animarse a cuestionar lo que uno creía inamovible. Construir algo nuevo no desde la urgencia, sino desde la experiencia acumulada. Empezar de cero no para demostrar nada, sino para vivir de una manera más auténtica.

Ese es el valor que quiero compartir en este espacio: la certeza de que no es tarde, de que la edad no invalida los cambios profundos y de que, con el tiempo, incluso los saltos más grandes encuentran su lugar.

Conclusión: emigrar después de los 40 sin fórmulas mágicas

Si estás pensando en emigrar después de los 40, si el miedo te paraliza o si simplemente necesitás una mirada honesta sobre la experiencia migratoria, este blog es para vos. Acá no vas a encontrar recetas rápidas ni promesas de éxito inmediato. Vas a encontrar relatos reales, dudas, errores, aprendizajes y decisiones tomadas con miedo, pero también con convicción.

A lo largo de este espacio voy a compartir lo que salió mal y lo que nos sostuvo, las herramientas que nos ayudaron a adaptarnos y las que aprendimos a usar a los golpes. También voy a hablar de la vida en Edimburgo tal como es con el paso del tiempo: con sus desafíos cotidianos, sus silencios y sus pequeñas certezas que se construyen día a día.

En el próximo artículo voy a profundizar en el proceso real de mudarnos, sin edulcorar la experiencia, y a desarmar algunos de los mitos más repetidos sobre emigrar en la adultez.

Y ahora te leo a vos.
¿Te sentís identificado o identificada con esa sensación de estancamiento?
Contame en los comentarios cuál es tu mayor miedo a la hora de mudarte de país.

Este blog empieza así: con preguntas abiertas y con la certeza de que nunca es tarde para replantearse el camino.

Gracias por leerme, te dejo mi canal de Youtube para que nos conozcamos un poco mas







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